lunes, 1 de abril de 2013

GONZALO ROLDÁN HERENCIA
zoom
La OCG presentó este fin de semana a su Joven Academia.
Programa: Bohuslav Martinu, 'Concierto para oboe y orquesta H. 353'; Arthur Honegger, 'Sinfonía núm. 3 Litúrgica¡'; Claude Debussy, 'La mer'; Maurice Ravel, 'Bolero'.
Joven Academia de la Orquesta Ciudad de Granada.
Director y solista: Hansjörg Schellenberger (oboe).
Lugar y fecha: Auditorio Manuel de Falla, 22 y 23 de marzo de 2013.

La Orquesta Ciudad de Granada presentó este fin de semana su Joven Academia, una iniciativa formativa y pedagógica de primer orden que sitúa a nuestra orquesta en la vanguardia de los programas de formación de jóvenes intérpretes a nivel nacional. Por medio de un proceso de selección, ochenta jóvenes han entrado a formar parte de la OCG puntualmente para la preparación de un programa codo con codo con los profesores de la orquesta. La Joven Academia se ha consolidado en el tiempo no sólo como una oportunidad de dar a conocer a las jóvenes promesas de la interpretación en nuestra ciudad, sino también como un programa educativo que en las últimas ediciones ha trascendido nuestras fronteras y ha convocado a personas incluso de fuera de nuestra provincia. Para liderar este colosal proyecto se ha contado con una batuta experimentada, el director de origen alemán Hansjörg Schellenberger.

Para los jóvenes que han participado en la presente edición de la Joven Academia de la OCG ha debido ser toda una experiencia el trabajar un programa sinfónico de envergadura junto a aquellos profesores que habitualmente son admirados en la distancia; no se trata de recibir de forma cercana sus enseñanzas y experiencias en el terreno de la interpretación, sino también de tocar junto a ellos, fundiendo el sonido de los instrumentos en un todo unitario, construyendo juntos la música que luego agradará al público asistente en la sala. Esta experiencia se antoja no sólo interesante, sino también emotiva y motivadora; muchos de estos jóvenes estarán pensando en dedicarse a la interpretación de forma profesional, y estos primeros pasos pueden ser decisivos a la hora de tomar una decisión tan crucial en su vida.

Para encontrar el punto adecuado de sintonía entre tantos músicos (más de cien) no se podía interpretar cualquier programa. Era necesario escoger obras que sirvieran de acicate a los participantes, y que desplegasen al máximo las posibilidades tímbricas de la OCG. Así, se escogieron obras que ahondan en las posibilidades de cada sección orquestal. El Concierto para oboe de Martinu, por ejemplo, participa de una sección de cuerdas muy expresiva, a la que se unen los timbres de los vientos para crear la atmósfera oportuna ante la aparición del solista; el propio director, Hansjörg Schellenberger interpretó a la perfección la parte solista de esta obra, que ahonda en la paleta tímbrica de la orquesta con fragmentos muy inspirados, como el inicio del segundo movimiento de los chelos, o las pinceladas de las trompetas, particularmente en el tercer movimiento.

Le siguió en el programa una de las sinfonías de Arthur Honegger, la tercera denominada Litúrgica, que recibe el nombre por estar basados sus movimientos en la secuencia de difuntos Dies Irae, el salmo De profundis y la oración Dona nobis pacem, respectivamente. Nuevamente, el director pudo explorar las capacidades expresivas de una orquesta rica en colores tímbricos, con unas cuerdas poderosas y una sección de vientos impecable en su interpretación.

La segunda parte se abrió con una obra sumamente evocadora, La mer de Debussy. Al tratarse de música impresionista la importancia de los colores orquestales se hace patente, pues la intervención de uno u otro instrumento lleva implícita una carga descriptiva. Así, las flautas o las arpas, por ejemplo, son de gran importancia para evocar la atmósfera atemporal y de tintes misteriosos en la que se desarrolla la pieza; por su parte, las trompetas, las trompas y los timbales imbuyen un carácter dramático al tercer movimiento de la obra. Cada instrumento cumple un papel importante en la partitura, desde las cuerdas a la percusión, pues las pinceladas sonoras de unos y otros, en fusión perfecta, conforman este monumento a la música sinfónica, magistralmente interpretado por una rejuvenecida OCG y Schellenberger.

Pero, sin duda, la obra más impactante del concierto fue el Bolero de Ravel, con el que se puso un broche de oro a una velada magistral. Esta pieza es un catálogo tímbrico, pues Ravel la concibió como un tema con variaciones para orquesta en donde cada repetición del motivo principal corre a cargo de un instrumento o conjunto de instrumentos diferente, hasta que la fusión de todos ellos desembocan en un glorioso final en tutti. En esta obra se pudo observar de forma más detallada y particular la valía de los jóvenes que intervinieron como miembros de la Joven Academia, pues fueron ellos, y no sus profesores, los encargados de su interpretación. Colosal la intervención al saxofón de Virginia González, como también lo fue la de la sección de flautas, fagotes, oboes y clarinetes, formadas prácticamente en su totalidad por jóvenes músicos. Igualmente, los metales se defendieron con presencia y precisión en una partitura de considerable dificultad. A una poderosa sección de vientos se unieron unas cuerdas muy empastadas, y una imprescindible percusión, en la que Noelia Arco a la caja destacó por su limpieza y preciso pulso, como es habitual en ella. En definitiva, una interpretación memorable de la Joven Academia, que en manos de Schellenberger supo dar lo mejor de sí.

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